18.2.17


Qué remedio, mas que aceptar como inevitable
el desprendimiento de mis miembros.
No son carnes, sino briznas,
pedazos plateados que palidecen en la distancia
bajo una luz lunar tan pálida,
tan infecciosa.
Nos habla de las enfermedades creciendo entre nosotros,
de las muertes tratando de brotar tras nuestros ojos
empujándolos al vacío, despeñándolos.
 
Una vez pude vivirlo,
 y en la caída pude ver el mundo
más pleno, más vacío,
cada golpe causaba una herida,
cada boca engendraba mil palabras.
 
Una sucesión de actos
alimentándose de mis extremidades ya caídas
para poder crecerse manos
y atarse unos a otros.
Se me antojaron perturbados,
convulsos e histéricos,
me recordaron, con lástima,
al vacío que llevo dentro.
 
Ahora yazco en el otro extremo,
los dedos deshilachados se hinchan y caen
como cuerpos ahogados que tosen
y expulsan el agua de sus pulmones.
 
Parezco lisa e impune,
lista para el retrato, la inmortalización.
En el momento en el que nací se decidió
que era de esas personas que han de dejarse hacer mil heridas,
que esa sería mi sino, y la ovación crecería
allí por donde anduviera.
 
Sin embargo, no me dijeron que de esta misma obligación
hay quien pensará que es norma
y por ello no hay nada que aplaudir o celebrar.
Si duele es porque así ha de ser,
así has sido concebida.
 
Huéspedes, mis iguales,
no os preocupéis. 
Hay quien diría que estoy bien. Que estoy completa.
Y sabéis que son miles las veces que nos lo han dicho,
es la palabra ajena lo que realmente importa. 
 
Ya no lloro.
No hay mas remedio que aceptar esto
como lo inevitable.
Recordad que en un cuerpo inmaculado
no hay lugar para los gritos.

1 comentario :

Elendilae dijo...

Nunca sé muy bien qué decir a tus palabras; siempre me veo inmersa en ellas, reflexionando, sin atreverme a pronunciarme, identificada en algunas, desconcertada en otras. En cualquier caso, siempre es un placer para los sentidos leerte.

Un abrazo