30.5.16

Espigas

No es fácil adivinar que eres tú tras esos nuevos rasgos
tras esas pestañas, esos labios, esa nueva sonrisa
y formas de andar particulares,

cuando levanté mi frente y la posé sobre la tuya
nuevas fragancias me inundaron y no supe reconocer en tu rostro
la palidez propia de quien murió en un tiempo lejano,

era tarde cuando comprendí
que habías permanecido dormida todos estos años,
que mantenías tus antiguas formas como una prolongación
de tus extremidades, de tu piel
en horas lejanas, perdidas y frías
en instantes tan distanciados que ya no podíamos verlos
seguías siendo ella, pero ya no era sencillo amarte,
ya no concebía en ti el fulgor de lo que es eterno,
y cuando mis pasos avanzaban parecieron sortearte,

un dedo curvo
direccionaba mi senda de losas blanquecinas
y creí que llegaría a tu cristalera, tu templo
antaño tan nítidos y carentes de sombras
resultan ahora opacos y tan brillantes
que había de apartar la vista.

Lo primero que vi 
al enfocarte de puro instinto optimista
tiempo atrás adquirido, mas solo ante tu presencia
fue la claridad de tus manos
y supe que tiempo atrás empuñaron la caricia que nos hizo una
pero ahora la piel que un día me tocó se había desprendido de tus dedos
quise evocarte al tacto mas íntimo
y pareció que tu cuerpo se endurecía,
el rato que pasé recorriéndote
termino desprovisto de despedida o conversación cordial
por lo que un día hubo
y ahora marchaba, silencioso e insufrible, de mi memoria.

Esperé silenciosa, sintiéndome mínima y olvidada
con los ojos cerrados para amplificar mi tristeza
hasta que la oscuridad pareció fundirse con mis párpados.

La segunda vez que quise mirarte
me invadió el fuego de la rabia por un instante
pues ya no podía sentirte a mi lado
y mis sentidos no querían reconocerte.

La tercera vez
me cercioré de que ni siquiera la memoria sabía enfocarte,
pues cada vez que trataba de recorrer tu imagen
y me detenía en tu mirada a cámara lenta
tus pupilas se encogían y dejaban de estar ahí,
y el temblor del aire se solidificaba y ya no había nada,
nada más que un borrón rosado sobre el negro del fondo
y mis brazos se descarrilaban tratando de tocarte.

Cuatro, cinco, hasta siete veces lo intenté
hasta que de tanto moverme disipé el humo, que era todo cuanto quedaba
ya no sabía qué era pared, qué era suelo, qué era yo misma y 
dónde estaba mi cuerpo,

Contigo, una luz había muerto, de forma súbita
y ya no podía ni verme
así que rodeé mi torso como pude, haciendo tangible mi ausencia.
Ya no sé qué espero
y la quietud se agazapa en mis palabras y las consume,
mi mirada, fija en la piedra, se siente ciega 
mas no hay otra opción que permanecer con la cabeza alta
para que los latidos sordos en mis oídos se prolonguen.
Y sí, soy mortal.
Pero tú también lo has sido.





PD: visto lo muerto que ha quedado Blogger el último año ayer tuve la idea de colgar algún que otro poema en Instagram, la única red social que parece tener un poco de vida ahora mismo. Así que para quien se mueva también por ahí aquí os lo dejo, por si os interesa: 
http://instagram.com/deplataeinexacta

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