29.4.15

Niña de colmena

En la hora que desnutre mis caderas
vomitaré boca arriba
cada gélida doblez del rocío
para así amordazar en hielo mis labios
y no gritar
cuando abra en canal
cada tripa que  me pertenezca.

Quizá así los lúgubres insectos
que con insistencia golpean cada pliegue de mi carne
surjan de la sombra y encuentren,
 a la luz,
la salida de mi cuerpo.
Ahí, cuando dejen de pertenecerme,
 ahí
podré astillarles.


Cada pequeño cráneo será aplastado
hasta que a mi alrededor no quede nada
tan solo la silenciosa envoltura de la noche
doblemente oscura
arropando cada una de mis dimensiones.


Quedarán mis carnes deshilachadas
y mis brazos en profunda soledad
podrán encogerse
temblorosos de pavor
pues no tendré mas remedio
que tener que ser yo misma y encauzar,
quizá,
el destierro y la expedición,
la punzada y el murmullo,
hasta hallar luz en mí misma.


Y qué,
si mi cuerpo colmado de revelaciones
no esconde más que un séquito de desencuentros,
oxígeno malgastado,
desmenuzadas extremidades.


Y qué,
si saberse vacía y grande
sea aún más terrorífico
que vivir colmada de pegajosas bocas
que buscan alimento en mi pecho.


Quizá sea ese el verdadero temor.
Tener donde latir
pero latir muda.



2 comentarios :

Bluemīnda dijo...

Brutal, como el miedo que arrasa y revienta.

Un abrazo!

Elendilae dijo...

Estoy de acuerdo con Blueminda... Ha sido golpe tras golpe de principio a fin.

Imágenes muy vivas y potentes con cada verso, para ponerse la piel y sentir ese terror de latir y no oír nada.

Besos