1.1.15

Patulsius

1.
Enero, no te he olvidado. Aún recuerdo el abrazo que me amparó de la caída cuando convulsionaban las promesas y afloraba la más terrible inestabilidad. Enero, no he olvidado las promesas y el renacer que me obligué a vestir, el trémulo pánico con la vista puesta en el futuro y el calor asfixiante secando mis lágrimas.
Es un sinsentido cruel, renacer escogiendo el filo del cuchillo como nuevo habitáculo. A penas es día 2 y yo vuelvo a sangrar. Cada vez pesan más las muñecas y se reproducen bajo mis uñas los gusanos. 
Aquel día escogí reencarnarme en estatua amordazada, desmembré mis palabras y castré toda lengua conocida por hacerme al rumor de la indiferencia. Pero son tan tristes mis canciones y duele tanto la ansiedad que acabé por abandonar mi cuerpo a la escarcha y me sumergí de cabeza en el delirio de amar a la Araña. 
(¿y las arañas? ¿devorarán a mis gusanos?)

2.
Por vivir un minuto ahogo en pantanos mis semanas. Tengo visiones en el agua turbia y nacen en mí miedos que no me atrevo a nombrar. Feroz futuro, cómo brillaban sus dientes, cómo relamía sus labios según mis ojos se acercaban a su boca. 
En aguas estancadas no hay forma de dejarse llevar.

3.
Soy cada día más repugnante, y estoy más henchida en sombras. La Araña teje sobre mis piernas y tengo cada vez más ojos, más miedos, más patas. Al respirar suena un silbido enfermo y me duele el pecho, cuando tomo bocanadas me invaden las larvas, cuando expiro me enredo aún más en la tela. 
¿Lo merezco? ¿De verdad es esto lo que merezco?
Cierro los ojos para prometerme la Metamorfosis, la transmutación en la que vestiré de blanca seda como las novias inmaculadas. Algún día llegará, y yo seré tan bella como ellas. Y también tan feliz.

4.
Había una luz a la distancia, pero la he perdido de vista. Llevaba ahí tanto tiempo que no me he cerciorado del calor que me legaba hasta que éste ha brillado por su ausencia. En mi desesperación ruego mil poemas, lanzo palabras a la lejanía, pero sé que nunca llegarán a la luz.


5. 
Sonámbula e insignificante, me arrastro hasta su reflejo, pero el cristal no emana calor alguno. Puedo darme la vuelta, caminar a ciegas hasta encontrar su procedencia, volver a empaparme de su incandescencia. Sin embargo, durante mil noches duermo acurrucada junto al espejo.
El abrazo de enero sigue incrustado en mis costillas. Es terrorífica la insistencia con la que un compañero trata de medicarte, pero aún más terrible la obstinación con la que la enfermedad se aferra a tu estómago. Mi cuerpo menguante no se tuerce en forma de sonrisa, es una visión desagradable, una existencia lastimera, ¡no merezco tus abrazos, no merezco tus esfuerzos! ¿No ves que acabarás menguando conmigo?
La luz en el espejo se consume y el abrazo se entibia. Pedí que me despedazasen para cerciorarme de que tengo entrañas, corazón, existencia, pero la mutilación nunca llegó. No me cuidéis así, no merece la pena. No duermo muy a menudo, y cuando lo hago me araño en sueños hasta despertar cubierta de heridas. Sin embargo, nunca llego a cavar con suficiente profundidad, nunca encuentro en mí indicios de entrañas o corazón. Mucho menos de existencia.

6.
Creí haberme curado. 
Me dije "ya está, esta es la recta final, esta es la prueba de fuego". 
Confié en la suerte e hice mil apuestas, y todas las perdí. 
Sin embargo, por un momento fui feliz. Tenía tiempo para leer y alguien a quien hablarle de lo confuso que se me hacía el realismo mágico. 
Y así es como se entiende la felicidad, ¿verdad?

7.
El vacío nunca llega a cuentagotas. Súbitamente se hace con tu cuerpo y borra de tu rostro los párpados, cose tu boca, envuelve en lino la memoria. El vacío llega y te hace autómata. Todo carece de sentido y solo queda escribir y temblar, escribir y temblar.

8.
Aquí hay unas manos que lloran. Rosadas y suaves, acarician mis seísmos hasta hacerlos recular, hasta sacarme una sonrisa.
A veces todo empeora.


9.
- El abrazo ha terminado por perforarme y en mi mano no quedan medicinas. Vivo en la sed y a base de recuerdos.
- Dormir en la misma cama que alguien que no te va a abrazar mientras tú te sientes la persona menos querida del mundo: eso es soledad (y por ella escribo).
- Hay una niebla sobre mis párpados que detecta en las alusiones mil confidencias. Entonces lo entiendo: me he curado del sonambulismo pero he entrado en coma.
- Tengo a quien rescata del pantano las semanas que allí se suicidaron.
- No tengo a quien me acompañe al médico.


10.
Quiero llorar en el hombro de alguien dispuesto a abrazarme. Quizá así alguien me apretaría la carne y se daría cuenta de las heridas, los hematomas. 
Hay candor en mi mirada y sé fingir una sonrisa, crear historias inverosímiles para reírme de mí misma (aunque aquello nunca me ocurrió). Me pregunto hasta qué punto seré capaz de controlar la risa sin soltar un chillido demasiado agudo, sin desfigurarla hasta hacer que parezca artificial. Controlo la risa pero no sé controlar la pesadumbre, la grieta, el adiós o el dolor creciente en mi pecho. 
Pero al menos creo haber encontrado algo de realidad en mi simulación.
Hay mucho naciendo en mí pero una sed apremiante me consume. Es la proximidad de la partida y la sonrisa irónica lo que me llena de ansiedad. ¿Qué será de mí cuando me deje de mentiras y simulaciones? Confesar es doloroso y siento que no me quedan órganos que desangrar. 
Así, tan vacía como estoy ahora, parece un buen momento para retomar las excavaciones.


11.
Ahora que yazco en soledad 
tan sola entre la sangre,
lloro para anunciarme entre filos y vendajes,
para coser mis muñecas en endechas calientes,
y mutar cada callada y remota lengua.

Estas son las espesas nieblas que regresan
 por las acuosas ausencias que componen sus noches.
Tal es su frío
que en palabras petrificadas se despedaza mi garganta,
y a ti te siento entrar en la afonía.

He aquí una promesa:
Este es el póstumo impulso que te lego,
y sin embargo no llego a gestar el incendio.
Qué desperdicio, olvidar de pronto
 aquellos dedos rizados por el frío,
las álgidas manos, rígidas, que se ensanchaban
con gran dolor y necesidad
para unirse con mi nombre.

Lo comprendes ahora, ¿no es cierto?
Estos son mis brazos:
rojos,
despedazados.
florecen ante la febril insistencia de mis arañazos.
¿Qué se hace con tanto miedo?


Guardar silencio.
Porque en esta sala yace un cadáver.
Silencio.

(y las campanas se extinguieron)

12.
Una extraña calidez me inunda, las sombras en mi pecho parecen ensancharse y romper con su gris estructura. Me siento adormecida y a penas puedo abrir los ojos: lo que veo me llena de mudo terror. Alguien ha hecho florecer los árboles deshojados; tengo flores sobre el pecho: pronto marchitarán, abatidas con mi contacto. Quiero advertirle, gritar que no merece la pena: al final todo llora, todo se pudre, todo se quema, todo se marcha, pero mi garganta ahoga la amenaza y mis extremidades se abren buscando el abrazo. 
Mi miedo se alimenta de su calor e insistente ausencia. 
Qué absurda insistencia la de vivir. La de seguir adelante. La de los nuevos comienzos (al final todo llorará, se pudrirá, se quemará).
¿Cuán injusto es pedir que no te marches y dar mil razones por las que deberías?
Echaba tanto de menos el calor, la luz, el oleaje. Pero temo tanto salir del estancamiento que me aferro a los defectos, a la metamorfosis fallida, las promesas violadas. Me aferro a lo real y doloroso porque es ante lo único que puedo desnudarme, ¡e inspiro tanta lástima cuando me despojo de mis ropas!

De alguna forma es agradable volver al vacío. 
De alguna forma, reniego de un hogar que no sea este. 


4 comentarios :

Katze. dijo...

Ojalá llegue un día en el que sepa escribir la mitad de bien que tú.

Sab Sognatore dijo...

Creo que ha sido el calendario más inhumanamente vivo que he leído nunca.
"Confié en la suerte e hice mil apuestas, y todas las perdí."

Si algún día tengo 12 montones de cenizas la mitad de buenas que esto, me pintaré los labios con ellas y besaré al mundo.

Impresionante.

Un abrazo con olor a mar.

S.

Elendilae dijo...

Muy intenso, descrito con poesía y fuerza, con toda tu alma, y tus sentimientos a flor de piel.

Besos

Tomeu Martorell dijo...

Se nos han encogido los corazones un poquito.