21.10.14

Crónica de septiembre.

Me ahogo, señor, me ahogo
alzo la mano y vulnera toda sustancia intangible,
la caída, el vértigo,
uno sobre otro el estruendo y el silencio hacen el amor
y cuando al fin todo calla,
oigo a lo lejos
unas campanas resonar.

Hasta la gasa parece pesar hoy en mis manos
tan inundadas están ellas ante toda mi tristeza,
ya no sé si fue el estruendo quien me volvió loca
o el silencio quien me aconsejó extirparme cada vena.

Tanto azul, tanto rojo,
¿para qué quería yo ser más que una carcasa?
El vacío se abre paso por mis cuencas
y no sé si aún puedo seguir hablando de existencia.

Humeante carne
se dobla con mi rostro entre pérfidas humaredas
alguien respira junto a mí
podría voltearme y llorar
hacia el otro costado de la cama,
pedir un abrazo que nunca llegará
qué soledad, señor, cómo pesa en mis brazos
¿cómo no voy a querer mutilarlos? 
Como a las palabras
a las respiraciones
se fracturan y en mil pedazos construyen mi rostro
tan gris, tan silencioso
amordazado y letal.

El delirio florece como sangre por mis pupilas
humeante pasta roja deslizándose por mis brazos,
inútil cuerpo, tan inerte, aterrado,
ojalá escupiesen sobre esta carne amarillenta
y me cosieran la boca a cada sollozo.

3 comentarios :

Elendilae dijo...

Son difíciles esos días en los que los sentimientos más duros y oscuros se apoderan de tus pensamientos, o al revés.

Hay que dedicarles un poco de tiempo, algunas palabras y vuelta a empezar, aunque sea en silencio y no a gritos y peleando. Aunque sea sola.

Besos

Celia P. dijo...

Realmente espero que octubre haya atenuado los sentimientos de esta crónica.
(Se te echaba de menos por aquí)

Bluemīnda dijo...

Una paleta de dolor, una ruptura que al menos nos deja regalos como este.

Un abrazo!