31.12.13

Océano.

Podría encogérseme el alma de tanto evocar el mar bajo mis pies. Dejarla acurrucada en una esquina mientras busco y me clavo anzuelos por todas las extremidades de mi cuerpo, dejando que la sangre caiga cálida sobre la arena, sustituyéndola por el agua salada que rompe contra mi cuerpo y se filtra por las llagas para atenuar el escozor colmándome de espuma. Durante el trueque, quién me dice que no me alcanzará la ansiedad a la que acontece el excorio de la carne. Quién me dice que no moriré ahogada para pasar a formar parte de la carcomida felicidad de las olas, de su siniestra añoranza. Podría ser, en mi tránsito a la muerte, la tapiada efigie del mar, y los proyectos que antes me obligaba a amar con desgana serían ínfimos recuerdos de una vida pasada. Inmortal y dueña de un cuerpo tan bello como terrorífico, haría de mis pechos miles de medusas y teñiría de rojo los corales al caer la sangre por mis piernas.  Todos los astros verían su luz desfigurada y disuelta en mi silueta, y se sentirían monstruosos y desgastados. Una luz que se desangra y dispersa a voluntad de las olas. Siendo mar podría rugirle cada noche a la fatua luna llena.
Podría reencontrarme con los huesos de quien ya caducó ahí donde cayeron sus cenizas, no acogiéndole como invitado en mi morada sino en la inmensidad de mi interior. Y entonces comenzaría a apagar con mi mera presencia la falsa luz de las velas y comulgar en su nombre allí donde no llegan los templos ni las catedrales, allí donde no hay iglesia. Confesarle a mi nuevo huésped que decidí ser mar porque ahí solo encontraré almas ahogadas con las que identificarme.

¿Podré entonces adueñarme de los rostros deformes que queden reflejados? ¿Podré almacenar en mis hondas los taciturnos recuerdos del artista que sueña con captar mi belleza?

Sin embargo, el alma llega a su tope y acaba por extenderse. Y las heridas se agrietan para dejar paso a la espuma que se desborda y mezcla con la sangre ya caída. En la arena quedan huellas rojas y tizne azul que se adhieren a mi piel.
Y cuando se rompe la caracola, yo soy lo único que queda de ese océano simulado. Vacía y resquebrajada cual arcaico cántaro postrado en la vitrina del museo.
Y mi cuerpo no es coral ni medusa sino ordinario cuerpo.
Y los proyectos me abalean desde su cielo inalcanzable.
Del océano solo queda una vieja bahía de puerto cerrado. Un puerto donde llegan las mínimas luces de un faro parpadeando para el barco. Donde los nubarrones no dejan lugar a los rostros de mirar su tullido reflejo germinando entre las olas.

Sin embargo, algo ha renacido.

"Pero puertas adentro es un fracaso 
este mar que me invento no me moja 
no tiene aroma el árbol que levanto 
y mi huracán suplente ni siquiera 
sirve para barrer mis odios secos".
Parpadeo - Mario Benedetti.

2 comentarios :

Little J. dijo...

"Sin embargo, algo a renacido."
Un buen final o tal vez comienzo.

Celia P. dijo...

"Siendo mar podría rugirle cada noche a la fatua luna llena." Al llegar a esa frase me he quedado un poco trastornada. Pero ha sido un trastorno de los buenos, como ese desorden que a veces es tan necesario para que todo vuelva a retomar su equilibrio.
No sé si me explico...
Lo podría resumir con un "Guau...".