14.12.13

Pequeño desahogo.

Hay cosas que no cambian. Y el hecho de que Bob Dylan suene por toda la casa no es más que una excusa para justificar toda esta melancolía. La guitarra y su poesía revolucionaria fueron en una época lejana homólogo de hogar, sin embargo, ahora escucho al mismo Bob cantar y me revuelvo en una extraña sensación de disnea, de fatiga.
Es triste pensar que lo que un día identifiqué como vida ahora es a penas un motivo por el que sentarme y escribir. El lenguaje se ha convertido en metáforas, los sentimientos, en musas. Y si pudiera afirmar que esta nausea literaria está dando sus frutos hacia algo grande, hacia un proyecto o meta, quizá no doliese tanto el ser devorada por mis propios intentos de poesía.
Ácido en las entrañas, éso es lo que tengo. Ni ínfulas ni pretensiones, ni tan siquiera pasión. Solo un líquido corrosivo fluyendo por mis brazos y pensamientos macabros que se desencadenan a borbotones cada vez que cierro los ojos.
¿Les pasa a todos que la mente se recrea en la poesía romántica cada vez que llega en silencio?
Quizá sea una humana defectuosa.  Tan llena de lacras que ni siquiera sé guardar la armonía cuando escribo. En algún momento excarcelé mi amalgama de sentimientos y ahora la contradicción hace de lo que escribo un patético jeroglífico. Es la apatía que me arrastra bajo la mesa y el frenesí que trenza mis dedos sobre las teclas. Es el escalofrío que me rompe la columna y el quemazón que obstruye mi garganta. El ascenso y su caída, la despedida que desencadena un reencuentro, el amor que dicta la mente colisionando con el amor que reclama la voz entre las piernas. Es amar a los escritores y odiar querer ser uno de ellos. Leer poesía y dejar que te destroce por dentro. Probar a describirse a uno mismo y acabar por escribir metáforas indescifrables. Tratar de abrazar ambos polos y desgarrarse el pecho durante la extensión.

La noche se arroja sobre el papel y aún no he empezado a estudiar nada de lo que pretendía.

5 comentarios :

Huracán. dijo...

Alguien me dijo una vez que mi padre le enseñó que "entre el día y la noche no hay pared". Nunca es tarde, así que vamos al lío.

Brrr. :)

Elendilae dijo...

Dicen que salen mejores escritos, mejores poemas, mejores desgarros cuando estamos tristes. El silencio es un aliado, y puedes hacerlo jugar a tu favor.

Puede que no haya armonía, puede que no hayas empezado a estudiar lo que pretendías, pero... desahogándote, sacándolo fuera, hará que te sientas mejor, y te dará espacio para concentrarte en otras cosas.

Un besito

Little J. dijo...

Sublime.

Sadgasm. dijo...

Tus textos son maravillosos. Me inundan. Como dardos directos al corazón. Tienes algo.


Elisa Sestayo dijo...

Qué miedo me da sentirme tan identificada con este escrito. Y en cierto modo, este miedo es bueno para escribir y crear (al menos eso quiero creer hoy que, con esperanza, sigo escribiendo)
No sé, si como tú preguntas, les pasa todos los escritores lo que tú describes. Ese "leer poesía y dejar que te destroce por dentro" Pero a mí me pasa, y me parece maravillosa la manera que tienes de describir esa sensación tan horrible y necesaria.
Como siempre te digo: me encanta cómo escribes.

Un abrazo <3