3.9.13

Te sustituyen los fantasmas.

Hablo de las despedidas como una contingencia, aún sabiendo que se trata de un absurdo simulacro. Pues lo tangible se marcha, lo sólido se pudre, y los cadáveres, sus gusanos, pasan a ser de la arena. Sin embargo, la memoria no licencia a nadie.
La memoria es, a grandes rasgos, el desenlace de todos los agasajos y reveses que crepitaron alguna vez. Y cuando llega la despedida, ella sustituye la fisonomía por fantasmas. Al principio duelen, pero pronto te haces a su apatía, a sus manos grises y rostros de nebulosa. Hacen de tu soledad velada concurrida, manchan bastidor de melancolía. Al principio duelen, pero pronto te haces a sus cobas de lino, a su parsimonia. Les puedes ordenar por sonrisas, anhelo, puñalada, maldición.
Estar colmada de sombras no es tan malo. Puedo aferrarme a ellas cuando quiero amar a tientas. Cuando despeche lo evidente porque me ahoga y no haya luz que se filtre entre las persianas. Si me siento poeta, ellas son mi musa y vía crucis. Son pasión desierta, abrazos residuales, ceniza. No tienen pudor ni miedo, a no ser que yo se lo ordene. No tienen rubor ni manías, y me aman mejor que cualquier entrepierna.
Convictos y contusos.
Maltrechos, confusos.
El paradigma de mi soledad se alza en sus dedos, me sirven de escolta improvisada, de premio de consuelo. No tienen esquela más que mi propio torso, mi designio, mis recuerdos. Y lo admito, a veces son ellos quienes me tienen. Me obligan a visitarles y se ríen de mi dureza, del blanco de mi cuerpo. De mi rostro aún visible y la mirada opaca que constata mi existencia.
A veces creo que palpan mis extremidades y las rasuran, solo para reírse, solo hacerme desgañitar, y cuando despierto a las mañanas, la sangre ya está seca y los brazos muestran el oscuro grana de una herida sin desinfectar.
Pero me gustan esos cortes. Me recuerdan que aún hay rencores sin expiar.
Que aún sé llorar,
aún soy fría, funesta,
el alma nunca terminó de zarpar,
los fantasmas se ríen,
y sé, que no les debería amar.

Ellos no me aman.
A penas son
un simulacro.

Un recuerdo.


AH.
Me ha costado, pero por fin he conseguido escribir algo "decente".
Más de un mes sin escribir es lo que tiene. Llevo casi dos días escribiendo y reescribiendo esta entrada sin un resultado que me convenciera... Y para qué mentir, sigue sin hacerlo. Pero ya iré retomando la costumbre según avance el curso.
Gracias por los comentarios.

7 comentarios :

Maitane Aimée dijo...

Pues debería convencerte. ¿Sabes? Es de lo mejorcito que he leído en bastante tiempo. No sé qué, pero me ha heche sentir algo, me ha hecho cosquillas por dentro :)

Isi LPP dijo...

Pues está muy bien. Esos fantasmas se hacen casi visibles entre líneas.

¡Besos!

Srta. Sognatore dijo...

Y lo que levantas entre las vértebras de quien te lee, ese cosquilleo. Esa sensación de querer que nunca se acabe lo que estas leyendo.
El perderte por un momento entre tus letras,
entre los fantasmas que se esconden entre líneas.
Increíble.
S.

Natalia dijo...

Ay dios mio! Que bien escribis

Bea Rincón dijo...

Nunca dejarás de sorprenderme, Albus. Jamás.

Y. dijo...

Escribes genial, simplemente.. es un texto increíble. Un bezaso enorme.

MoonsDream dijo...

Los fantasmas son compañeros silenciosos que acuden sean llamados o no.
Me ha encantado la entrada, un gran trabajo, de verdad :)
Te leo!

Un beso!

<3

EMME