2.9.13

Muñeca de porcelana.


El verano mengua y la noche es fría,
 anoche me revolvía entre las mantas.
Y de pronto, me reiteraba en poesía,
esa que fabrica el llanto, las antas.

Anoche me acosté con el cieno,
a jugar con la arcilla vana,
acuñando a la luz de los truenos,
hasta ser muñeca de porcelana.
Llora y se derrite entre ternos,
que se enfría y destapa las aranas,
al agrietarse el adobe barceno,
al resquebrajarse de tristeza y desgana.

Y al ser ahora de barro, yazco, aciaga,
y ya no sé qué concibo de la vida,
pues en tierra no se puede ser náufraga,
no hay piélago que cure las heridas,
ni sal para que escueza en las llagas,
no hay naves a las que lanzar mis batidas,
no hay polizones ni corsarios, ni garfios ni dagas.

Pero anoche era distinto, yo lloraba,
y el llanto que no cesa fingió limpiarme,
 como si de ola salada se tratara.
Por un momento me lo creí, que el dolor marchaba,
más ahora vuelve la penumbra,
y sin luna ni estrellas, de nuevo soy esclava,
se me escapan las promesas, sus palabras.
                                                                             Me cercioré,
no es tan fácil para una deshacerse de su alma.

Y ahora que lo comprendo,
lloro,
sola,
funesta.
Fría como las mantas que me arropan,
fría muñeca de porcelana.






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