9.6.13

Las Cartas de Pawl III.


Dice Mario Benedetti que una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia que enciende a los hombres.
Y Susanne era el astro favorito de Pawl. 


«Querida Sus:
Mentiría si dijese que conseguí dejar de pensar en ti. Que el mundo y sus maravillas, las calles desconocidas y el turismo afanado consiguen llenar tu vacío. Siempre me echaste en cara mi apremio por ver y descubrir, el hormigueo de mis piernas cuando la vida sedentaria me imponía una rutina. Cuando comencé mi viaje como ermitaño, la ilusión de mi nueva vida errante conseguía calmar a los recuerdos. Y es que es así, Sus, los recuerdos me asaltaban día y noche, y te creía la suntuosa y palpable reina de mi silencio y soledad. Era el desamparo más dulce que nunca he experimentado.
Sin embargo, esa efímera armonía pronto se veía sustituida por recuerdos de nosotros dos haciendo el amor. Nos veía en el vagón, entre las mantas, en el vaho y en hasta en sueños. Es increíble cómo la memoria atesora momentos sin jerarquía ni dependencia. Mientras que evocar el día en el que nació mi hermana me resultaba imposible, recordar la silueta de tus pechos penetrando bajo las mantas era tan verídico como si hubieras accedido a que fotografiase tus desnudos cada noche. Era capaz de deleitarme de esa reminiscencia durante unos leves segundos, pero después, el gozo se impregnaba de la amarga certeza de que te echaba de menos. Y trataba de ser un bohemio, de convencerme a mí mismo de que amaba sentir ese vacío, pero no, Sus, no. Era como si cada gemido que conseguía evocar me taladrase la mente, crudo e inexcusable. Como si tus orgasmos me reprochasen haber nacido con un alma itinerante. 
No me malinterpretes, pequeña, a veces también recuerdo tu sonrisa y palabras, los consejos y la manera en la que entrecerrabas los ojos al hablarme de poesía. Pero mi mente y el bulto que se perfila en el pantalón no ayudan a ser mucho más romántico que todo eso.
Creo que mi soledad no quiere más que vengarse de mi inmadura pauta ostentándote cada noche.
Muchas veces, cuando en mi mente llegamos al clímax y, finalmente, tú caes rendida sobre mi pecho, te pregunto cómo estás, si aún piensas en mí y cómo han pasado estos años para ti. Quiero y no puedo pensarte con el mismo rostro de niña malhumorada, con los rizos meticulosamente colocados, pero dos años de más. Sin embargo, por mucho que, como ya te he dicho, evoco cada curva de tu cuerpo con una exactitud escrupulosa, me apena confesar que tu rostro no es más que una mancha oscura que gime, habla, susurra. 
Me gustaría tener valor para enviar, algún día, una de mis cartas, y pedirte que respondieses adjuntando una foto, para poder poseer una porción de tu belleza entre las manos. Sin embargo, fue tan precipitado mi adiós que no me llevé ningún recuerdo conmigo, y créeme, lo lamento cada día.
También me gustaría que pudieses ver una foto de mi envejecimiento. No te rías, Susanne, lo cierto es que estos dos años han pasado por mi vida como si fueran veinte. Si volviésemos a vernos, lo notarías en mi frente, en las arrugas de mi boca, y especialmente en mi mirada. Vaya ojeras, te burlarías, tratando de no ver más allá de esas dos medias lunas. Pero lo cierto es que esta vejez prematura aterra. Es un declive que te reclama entre mis brazos con urgencia, que lleva escrito en cada arruga tu ausencia. Es parte de unos ojos ya marchitos que no lloran, pues son felices... Unos ojos que han aprendido que la felicidad puede conllevar la peor de las tristezas.




Créeme, aún te quiero.

Pawl.»


5 comentarios :

Isi LPP dijo...

Me gustó la carta, me gustó mucho. Su forma de echarla de menos y desear tenerla cerca es preciosa.

¡Besos!

Elendilae dijo...

Qué conmovedor, me ha gustado mucho.

Supongo que de alguna forma casi todos tenemos cartas sin enviar, bucles perfectos de recuerdos y palabras que desearíamos pronunciar pero que el miedo, la dignidad o el rencor nos impiden hacerlo.

Un besito

E.C. Belmont dijo...

Amo tanto el gatito que tienes :')
Me fascina el diseño de tu blog!
Besos

E.C. Belmont dijo...

Esto que has escrito esta realmente muy hermoso, generalmente leo los primeros párrafos y lo dejo pero contigo he llegado hasta el final. No se como le haz hecho pero te ha quedado genial!
Pro cierto, podrías quitar el verificador de palabras?!
En serio esq es muy feo eso de andar descifrando que dicen las letras esas!
Jején bueno, un gusto leerte :)
Besos! (De nuevo jej)

Pía Baroja dijo...

No entiendo aún muy bien por qué la dejó. Lo que sí es verdad es que en la vida hay que hacer balance porque no se puede tener todo. Y es cierto que es muy difícil dejar cosas atrás pero uno siempre acaba sabiendo qué es lo que le hace más feliz y si merece la pena o no renunciar a unas cosas por otras.
No creo que deba sentirse mal por recordarla haciendo el amor. Hacer el amor no es solo tener sexo, es mucho más que eso y, probablemente, sea lo más grande y bonito que han tenido él y Susanne, y por eso le viene tanto a la cabeza. Esas sensaciones tan fuertes y tan puras son las que más perduran y las que más daño hacen.
Si ha envejecido tanto desde que renunció a ella puede ser porque no escogió la opción que más feliz le hacía realmente.

Me gusta cómo va esto :)

Un beso!