24.2.13

El Monstruo del Silencio III: Entrevista con tu creación.

Ella me hizo pseudoprosa. Me hizo catastrófico ser, me hizo tragedia incorpórea. No era más que un recoveco de su mente, una figura delgaducha, de extremidades ridículamente largas, tétrica mirada y melodramática historia. Ella planeó mi pasado, me legitimó todas y cada una de las cicatrices que en mí yacen, describió sus dolores y miedos. 
Gracias a ella soy eternidad, pero ¿Qué clase de inmortalidad me espera? Cuando ella muera, seré un personaje que proseguirá plasmado en las hojas de un sucio cuaderno, seguiré vagando por la literatura amateur, compadeciéndome de mi existencia. Consciente de que sólo ella puede darme alegría o tristeza, solo ella puede ser mi ejecutora. 

El Monstruo del Silencio se levanta con su característico chasquido de rodillas. Su mirada flota entre dos cárdenas medias lunas, temblorosa y difusa, fija en el papel. La pluma oscila entre sus huesudos dedos, amenazando con caer al suelo y dejar de dictar mi severa maldición. Le observo, compungida y arrepentida, lamentando ser la creadora de tan lúgubre criatura.
Pero cómo explicarle que tan solo es ingenio de mi propia tortura, una cruel almohada que creé para suavizar mi propio declive como persona. Cómo explicarle que no es personaje, sino encarnación de mi pesadumbre.
Cómo hablarle, si yo misma le dibujé como a una bestia callada y solitaria. Cómo acercarme a él, abrazarle, decirle que su propia creadora es quien abarca sus sentimientos. Cómo acabar con su desdicha, si por mucho que escriba su muerte, él seguirá morando en mí.

Me pregunto si ella es consciente de mis tendencias suicidas. De que soy materia oscura, sedienta criatura que bebe con avidez de su luz. Pero al agujero negro de mis ojos siempre engulle sin masticar esos retales de esperanza, dejando que la calidez caiga por las comisuras de mis labios, empapando mi pecho. Y cuando se seca, vuelvo a estar tan muerto como siempre.
Mátame. 

Le observo desde la realidad. Delineo en mi mente su esquelético perfil, preguntándome si alguna vez tuvo hambre. Sus pies deformes, su acentuado ombligo. Todas y cada una de las prominentes costillas, desviadas hasta una clavícula que carece de belleza. Pero me detengo antes de llegar a su mirada. Tengo miedo de encontrarme  a mí misma en ella.

Sé que hoy está aquí. Hoy ha venido a visitarme. Siento su presencia como si se tratase de un molesto chirrido, como una llamada de la reina a su manada. La percibo y siento su miedo, amplificando mis propias dolencias, penetrando mi mente, limpiándome las telarañas. 
La miro. Pero ella rehuye mi mirada.

Piensa en mí, y ese contacto me marchita. Es dulce tenerlo ahí, con la mirada perdida en mi cuerpo, comparando nuestras extremidades, nuestros huesos y dolencias. Cierro los ojos, sumergiéndome en la frialdad de mi más perfecto personaje. El más fiel, el más real.
Me mira, y, por un momento, no sé quién de los dos es palabras y quién carne y hueso.
Me siente, y volvemos a ser uno.

3 comentarios :

Wik@♥ dijo...

Hola vengo a recordarte que tu sigues mi blog, y me gustaría que al menos de vez en cuando comentaras.
Gracias, y besos.

Miki-chan dijo...

Monstruos, silencios. Es, sin duda, un gran personaje el que has creado, aunque a veces duela darte cuenta de que ha salido de ti.

Rosa. dijo...

Es palpable la pasión que profesas hacia la literatura. Escribes bien, escribes muy bien. Te sigo :)
Por cierto, no puedo entrar en tu twitter, me gustaría seguirte más de cerca.
Un saludo :)