21.6.12

Navíos de bañera.

La sepia y ese horrible sabor amargo que caracteriza a las tardes de domingo se filtran hoy entre los pliegues de mi corazón. El sol se insinúa entre nubes negras y la llegada del verano se esboza en los brazos desnudos de los viandantes que se han atrevido a pasear sin chaqueta. Contemplo los días que están por venir con la amargura y la nostalgia injustificada de quien se pierde en ruinas pasadas. Esos escombros que de vez en cuando intentan realzarse y me arañan con sus postigos las paredes del alma, atestiguándose de que hubo un día en el que la congoja se arraigó con tal brío bajo mi piel que ahora miro por la ventana y ese reflejo casi fantasmal me describe mejor que cualquier espejo.
El porvenir del verano me hace meditar sobre ese norte que creo encontrar cada invierno y que se derrite bajo mis pestañas cuando julio conquista mi calendario. Despiertan los monstruos de debajo de la cama, y me cercioro de cuánto tiempo pasará hasta que podamos volver a ahuyentarlos haciendo crujir los muelles que fingen detonaciones en nuestro pulso cuando nuestra curiosidad aún inmadura se adentra para indagar sobre el amor más allá de las palabras.
Una histérica desdicha aparca hoy en mi corazón, sí. Desdicha porque siento que el invierno me da otra vez la espalda, y me rechaza como inquilina. Y sé que yo le pertenezco, a pesar de que él solo me devuelva los besos los dos últimos y dos primeros meses del año. Se lleva consigo esos dos polos opuestos que pegan nuestros cuerpos cual imán, y sé que la inevitable despedida está cerca.
Sin embargo, evoco con la llegada del solsticio el poco ánimo que aún guardo bajo la almohada para recordarme que tú seguirás, a la distancia, enviando aviones de papel que asustarán a esos fantasmas y matarán monstruos por mí. Me obligo a recordar la energía que nos invade el cuerpo cuando el aleatorio reproduce a los Guns n’ Roses y mis ojos cerrados, mi ceño fruncido y mi sonrisa tonta cuando escucho un solo de guitarra de Slash. Y se cuela en el reverso de mi corazón el dulce pensamiento de que somos un inherente navío que juega a corsarios y piratas en una bañera con más jabón que agua.


5 comentarios :

Miss Frenesí dijo...

Gran texto, y la última frase es una maravilla.
Tienes una manera preciosa de expresarte.
Un beso enorme bonita
(creo que es por el contraste entre el negro y el azul, pero me cuasta leer tus textos)

Casén dijo...

Vaya, parece que el verano es una tragedia griega para ti, lejos de tu ítaca natal. Pero esta vez es Penélope la que se va, y Ulises el que se queda.

Jêveur. dijo...

Me ha encantado este texto, puede ser porque en partes me sienta increíblemente identificada. Yo, que siento que de cierta forma pertenezco al invierno y el verano sólo causa picores debajo de la piel. Sin duda, uno de mis favoritos por la bloggosfera :) (por cierto, me gustó mucho la descripción de tu azul, espero poder hacer mi propia descripción pronto, cuando averigüe cómo es)¡un besito!

Walking Disaster. dijo...

Otro gran texto, aunque esta vez no me sienta identificada, ya que yo he recibido con los brazos abiertos el verano y todos los recuerdos que este me trae <3

Jêveur. dijo...

(No sé cómo te atreves a darme las gracias. Gracias a ti por hacerme sonreír de esta manera mientras releo tu comentario, y por la felicitación ^^ <3)