12.2.12

Monstruo del Silencio.

El suelo crujía bajo sus pies de porcelana, como si un millón de fantasmas estuvieran jugando al escondite entre los huecos de la madera. El crujido era tan material que casi podía sentir como esos espíritus imaginarios alzaban sus manos para sujetarle los tobillos. Sin embargo, él continuaba andando, levantando polvo tras el contacto de sus pisadas. Su figura delgada se reflejaba en las paredes desnudas, devolviéndole una sombra deforme, pero a la vez tan fiel de su figura que daba miedo mirarla fijamente. Sus piernas, ligeramente dobladas, arrastraban sus pies con una parsimonia exasperante. Su espalda se arqueaba, como si quisiera que sus largos brazos llegaran a tocar sus pies. Sus manos, con una palma demasiado pequeña para los dedos que de ella manaban, se balanceaban por un viento intangible y punzante.
Fuera, las ramas de los árboles se alzaban hasta posarse sobre la ventana. Rasgaban con impaciencia el cristal, como si trataran de romperlo, para así llegar con sus ramas a coger su enjuto cuerpo, y llevárselo con ellos, bajo la lluvia, a un mundo de espinas y corteza disgregada. Sin embargo, su figura sigue avanzando, desafiante, ajeno a la lucha de los árboles contra el cristal. Su mirada se perdía en un punto lejano de la habitación, allí donde un halo de luz se filtraba, desde un agujero desconocido. Avanzaba hacia él, tratando de achicar su pupila, abriendo los ojos a más no poder, hasta que sus pestañas quedaron fundidas con el párpado móvil. Bajo aquellos ojos, dos ojeras que se tornaban negras por momentos, similares a dos lunas menguantes, parecían querer esbozar una triste sonrisa.
Según su cuerpo avanzaba, los aullidos de la madera se iban haciendo más tangibles, agudos, chirriantes. Tan penetrantes que podía sentir como sus oídos padecían bajo la presión de tan siniestro sonido. Su alma parecía querer hacer explotar sus costillas, mas él se limitaba a flexionar los dedos, sin hacer ademan de taparse los oídos, concentrado su mente en el crujido de sus metacarpos al doblarse.



Y, de pronto, silencio. Pleno, vacío, frío. Su cuerpo se funde con el pequeño hueco de luz que se abría paso desde una grieta en la pared, y, durante unos segundos, echa su cuerpo hacia atrás, dejando que su pálida piel brille con un destello enfermizo.
Durante unos segundos, nada se escucha, salvo el latido de su descosido corazón. Hasta que, sin previo aviso, sus piernas ceden bajo el peso de su cuerpo, y él cae, haciendo que la madera se quiebre, a la par que sus huesos, y, quizá, un hálito de su alma que aún quedaba viva en su ser. Sus ojos se abren aún más, y sus labios se despegan. Sin embargo, ningún sonido sale de su boca. Y ese silencio es más terrorífico que cualquier alarido de dolor. Sus pupilas se mueven, buscando en la sala a alguien que pueda ayudarle a levantarse, unos brazos protectores que vengan a abrazarle, a proporcionarle calor. Porque siente, y los sentimientos se clavan en él como una garra glacial. Porque teme, y el terror se ancla en él, borrando sus sentidos, avivando sus putrefactos latidos.

Porque echa de menos, y ni siquiera tiene voz para hablar.
Y es que un mounstro del silencio como él tan solo tiene las ramas que arañan la ventana como compañía.



9 comentarios :

(N)everless dijo...

Es un reralto realmente enganchador
Te sientes el personaje e incluso sientes el agobio... MUy bueno .)

Casén dijo...

Al principio me daba miedo, pero más adelante me ha empezado a dar pena...

Me recuerda a la manera de escribir de Alfredo, lo que había leído de ti hasta ahora reflejaba más tus sentimientos... no sabría como explicar esto.

Pero me gusta mucho.

Walking Disaster. dijo...

Este personaje me da una pena terrible... que habrá hecho para merecerlo.

Zoe Row dijo...

Me ha hecho ponerme a tiritar, de frío y de pena. Creo que has logrado transmitir el sentimiento de una manera increíble. Me ha encantado.
: )

Annie Montauk dijo...

Me gusta como lo describes. Yo las descripciones son algo que no llevo bien, pero tú te defiendes bastante :)
Un beso, Alba.

No.me.pises.que.llevo.chanclas. dijo...

Fantástico! chapó! :)
Aunque añado: el silencio es el sonido más profundo!!
Besitos!

Miss Frenesí dijo...

Conozco ese tipo de silencio, que escuece, que quema por dentro hasta acabar arrasando con los últimos latidos.
Un beso enorme bonita :)

Anairo Draculesti dijo...

La descripción es impactante, te sumerge en la intriga y te deja con la duda acerca de qué clase de misterios escondía ese ser capaz de inspirar terror y lástima.

Besos de neón, te leo con mucho placer.

Trece dijo...

Me gustan este tipo de relatos.