6.9.17

Traga-luz

Soy de agua, soy de tierra,
esculpida en una sustancia tan viscosa
que todo aquel que me toca acaba
enterrándose vivo bajo mis pieles.
Caen
henchidos de rabia y lluvia
pero en mis entrañas todo parece colmarse 
de una profunda y blanca tristeza.

No hay hogar con el que atestar
a mis huéspedes,
no veo tranquilidad o alivio
en sus rostros de fiera mueca,
solo la muda incredulidad
de quien prematuramente yace muerto.

Una voz me llama a leer
en el brillo de sus ojos que acontece al ahogamiento
la esperanzadora creencia de que esto
no es más que un simulacro,
el reflejo de un futuro
al que no podemos aferrarnos.

Con lágrimas tratan de apagarme
pero aquí no pueden entrar las salvaciones.
Creo que no logran comprender
que en este calor
no alberga ningún fuego
solo una luz falsa que me duele e incendia
alejándose en el horizonte
ante cada paso que hacia ella damos,
solo va, nunca vuelve.

Un líquido humeante
se arroja entre mis carnes
para tarde o temprano disolver
a quien estelarmente se fundiera 
en cruel ilusión con mis manos.

Así es 
como todo con el tiempo marcha 
y ante la falta de sustitutos solo queda el menguar
y contestar en lenguas falsas
de tono grave
que nada de esto ha sido una amenaza
no es una confesión, ni siquiera un aviso
tan solo una declaración de intenciones
que ni comprendo ni puedo llegar a controlar.