11.4.17

Polvo

Si ahora mismo alguien me rozase con sus dedos
me disolvería
en forma de mil granos de tierra.

Los granos caerían, mínimos. Con un ténue ruido
se esparcirían por la estancia
y a cada distancia recorrida por esas ínfimas partículas
mi ser se prolongaría, se expandiría hasta todos los rincones,
hasta que, aunque disimulada y silenciosa,
llegaría a albergar cada recobeco de esta habitación.

Hay algo reconfortante
en la idea de pasar a ser nada más que polvo,
suciedad.

Hay algo reconfortante en el saber
que ante las miradas de asco no habría nada que yo pudiera hacer.
No podría alzar la mirada,
inventar excusas,
convencerles de que me quisieran.

Es igual que ahora,
pero no cabería ni la posibilidad de intentarlo.

No tendría cara que pudiera enrojecerse, voz para vibrar, 
nadie podría leer en mi quietud casi perfecta
los brazos alargados de quien en desesperación mira al cielo y convulsiona.

Yo solo sería tierra y solo serlo aportaría, 
solo miradas de disgusto recibiría de vuelta.
Tumbada, levitando,
vería ante mis ojos pasar las mañanas más dilatadas,
las noches más tardías.

Sentimientos simples, llanos. 
Tan sencillos que se me antojan prácticamente puros.
Algo así,
es lo máximo a lo que puedo llegar a aspirar.